
Por
Que más de 100.000 personas hayan consultado por los nuevos créditos hipotecarios lanzados el martes pasado habla a las claras del enorme déficit de viviendas que existe en el país y de la escasa oferta disponible. Tanta es la necesidad que apenas aparece una propuesta medianamente aceptable, como es ésta, llueven las consultas.
Porque cabe preguntarse: ante la falta de viviendas en el país, que los expertos ubican en torno a los dos millones y medio de unidades, ¿cuál puede ser el alcance real de esta oferta?
Por caso, todos los años el país necesita construir 120.000 nuevas viviendas para no incrementar el déficit acumulado. Capital y GBA demandan casi la mitad de esa necesidad: 50.000 nuevas viviendas. Todo esto sin contar las que requieren refacciones. Traducido a metros cuadrados, anualmente hacen falta 4,8 millones adicionales, a un promedio de
Frente a esta demanda colosal de recursos, el Estado planea emplear entre $800 millones y $1.000 millones en estos créditos anunciados con bombos y platillos, es decir, algo así como 10 mil créditos a un promedio de $100 mil cada uno. Desde ya, este es un promedio arbitrario puesto que los créditos se podrán emplear para la construcción, refacción, ampliación y terminación de viviendas y para la compra de unidades nuevas y usadas. Pero un promedio como el planteado aquí no es descabellado.
Esto es todo. Desde ningún punto de vista este es un intento de solución de la necesidad de vivienda de los argentinos. Es un plan pequeño, pequeño, que podrá ser aprovechado por un grupo muy reducido de personas, incluso por aquellas que ya posen propiedades puesto que no es para vivienda única y familiar.
Téngase en cuenta que, según los datos del Banco Central, a marzo pasado el stock de préstamos hipotecarios ascendía a $18.000 millones, en un cuadro de parálisis de estos créditos y con los pocos que se otorgan destinados a financiar viviendas de lujo y semi-lujo para sectores de muy alto y alto poder adquisitivo.
Ante este cuadro, sólo cabe esperar que tanta expectativa no derive en frustración. Los argentinos ya hemos acumulado demasiadas como agregar una más a nuestro fatigado espíritu.